sábado, 1 de noviembre de 2014

TRABAJO N° 7 . Cuando me muera quiero que me toquen cumbia

Palazzesi Julieta - Bartolini Giuliano - Smitt Teo - Guedes Rosario

Breve resumen del libro y datos del autor Cristian Alarcón Casanova (La Unión, Chile, 1970) es un periodista y escritor chileno, residente en Argentina. Se licenció en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Autor de los libros Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (premio Samuel Chavkin a la Integridad Periodísticaen América Latina, otorgado por North American Congress of Latin American Authors) y Si me querés, quereme transa. En el 2012 fue elegido profesor visitante en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas, en Austin.

Escribió en Página/12 , Revista TXT y el Diario Crítica. Actualmente dirige la revista digital de crónicas narrativas Anfibia de la Universidad Nacional de San Martín y coordina Cosecha Roja, la Red de Periodismo Policial de América Latina. Es el director del posgrado en Periodismo Cultural de la Universidad Nacional de La Plata. En 2014 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito en la disciplina "Crónicas y Testimonios".

“Cuando me muera quiero que me toquen cumbia”. Vidas de pibes chorros Editorial Norma, Buenos Aires, 2003

Cuando me mueran quiero que me toquen cumbia es un relato de Cristian Alarcón, quien bajo la influencia simultánea de Rodolfo Walsh y Pedro Lemebel reconstruye la vida y la muerte de los jóvenes lúmpenes del conurbano bonaerense. El texto no es una investigación periodística clásica, un relato donde el autor quedó inevitablemente atravesado por los personajes que entrevistó y el ámbito socio-económico de la villa San Francisco de San Fernando (la 25). Narra la historia de Víctor Manuel "El Frente" Vital, que evoca la relación entre los villeros y el accionar del aparato policial. Considerado “el Santo de los pibes chorros”, el ídolo pagano, es una especie de Robin Hood, defensor de los marginales de las villas del suburbano bonaerense. Una persona que se convierte post mortem, en un personaje literario y reflejo de la realidad social donde la violencia, el robo y la muerte son el destino inevitable de toda una generación excluida. “El Frente Vital mantenía los códigos de la vieja delincuencia, ya caducos en un territorio donde el paco y el alcohol borraron todo rastro de lealtad y valor, y solo queda la supervivencia a cualquier precio”. La tarea del escritor será entonces la de reflejar el mito pero también todo aquello que lo rodea: su anillo ideológico, lo que confluye y representa como figura mítica. Un delincuente que fue muerto cuando aún no salía de la adolescencia. El relato aparece exento de códigos externos como el sociológico y se encuentra más bien inmiscuido en las vivencias interiores de ese territorio. Un lenguaje que describe con cuidadosa pluma ese microcosmos, pero que no aspira a su interpretación como clausura de su decir sino como un legitimar de aquel código de los pibes chorros. El autor ha destacado la importancia de la cumbia villera en su relato: “La cumbia villera es una pátina que reviste a esa vida de un tono melodramático y de algún modo mejora las condiciones de esa vida. No es que la haga glamorosa, apenas la hace soportable. Los pibes chorros necesitan recrear en el boliche su condición de grupo dominante, al igual que en el territorio del barrio. El libro trata de tener esa cadencia, de sonar desde el título al compás del fenómeno. Que es una cultura con ciertos territorios, con amigos y enemigos, drogas, familiares, robos y odio a la policía, entre otras cosas”.

Síntesis historia de vida de “El Frente"

Se llamaba Víctor Manuel Vital, pero lo conocieron como “Frente”. Cuentan que era un pequeño Robin Hood, que repartía con generosidad el producto de sus robos. Tenía 17 años cuando murió, baleado por la Bonaerense. Hoy su rostro aparece en las remeras de sus admiradores.
Su madre, Sabina Sotelo, era custodia privada y aunque siempre intentó que su hijo se aleje del mundo del delito y de las drogas, nunca lo logró. “El Frente” era el menor de tres hermanos y el único que salía a robar, según cuentan, de forma mítica y romántica, "respetando los códigos de los ladrones de los viejos tiempos".

Pero su carrera delictiva duró apenas tres años y estuvo marcada por una particularidad muy especial: “lo que robaba lo repartía entre la gente del barrio”.

Murió víctima del Gatillo Fácil. Hoy su tumba es visitada cada 6 de febrero. Le adjudican milagros. Como la mayoría de villeros, de ropas deportivas de Adidas, a Víctor Vital le gustaba la cumbia, la cumbia villera, ese ritmo que en Argentina se ha convertido en la narración bailable de las penurias de la clase baja, esa música que como los corridos mexicanos y el narcotráfico, ha tenido como ideal contar las historias de los que corretean por la ilegalidad gaucha. El odio a la policía es quizás el más fuerte lazo de identidad entre los chicos dedicados al robo en las villas, el segundo, la cumbia villera. Fue justamente cumbia, cuenta Alarcón en su libro, lo que los amigos oyeron cuando se enteraron de que El Frente había muerto.

El 6 de febrero de 1999, la muerte de un pibe chorro, el Frente Vidal, acribillado por la policía, elevó a la categoría de mito a esa especie de Robin Hood de la villa que repartía entre los vecinos lo que robaba, y dio origen al santo capaz de obrar milagros como el de cambiar el destino de las balas policiales.

A él se encomiendan los ladrones del barrio antes de salir “a un hecho”. Le adjudican curaciones milagrosas, fugas de la cárcel, asaltos exitosos.
Hay quienes le atribuyeron milagros y varios de sus ex colegas le imploraron durante años ayuda para esquivar las balas de la policía.


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3. Capítulo I, página 28

“Su hijo está muerto. Ahí está, no lo toque. En el piso de tierra yacía Víctor, con la frente ancha y limpia que le dio sobrenombre, sobre un charco de sangre, bajo la mesa sobre la que escribían el parte oficial de su muerte. Sabina soltó un grito de dolor. Su llegada a la escena de los hechos había provocado un silencio sólo alterado por el ruido que hacía el helicóptero suspendido sobre el gentío. Ese alarido y el llanto que lo precedió fueron suficientes para que quienes esperaban perdieran la esperanza: un policía había masacrado a Víctor Manuel “El Frente” Vital, el ladrón más popular en los suburbios del norte del Gran Buenos Aires. Tenía diecisiete años, y durante los últimos cuatro había vivido del robo, con una diferencia metódica que lo volvería santo; lo que obtenía lo repartía entre la gente de la villa: los amigos, las doñas, las novias, los hombres sin trabajo, los niños”. Este párrafo destaca por su fuerza a la hora de introducir la muerte del ‘’ídolo’’. En el vemos una cruda descripción del difunto Frente Vital y el sufrimiento de los personajes que lo rodean, aquellos que eran sus seres queridos. Este Robin Hood que se había vuelto santo demostró ser tan mortal como cualquier persona en cuanto el plomo le quitó la vida. El nombre sin duda, trasciende el cuerpo y la leyenda supera al hombre en vida. El rol antagónico que juega la policía se vuelve impactante: les habían robado a su héroe, el único héroe del cual aferrarse, madres, chicos y hombre por igual.

Vida cotidiana de personajes principales, amigos, madres y novias
Protagonistas del relato:

• Víctor Manuel Vital (el Frente): diecisiete años, un ladrón acribillado por un cabo de la Bonaerense cuando gritaba refugiado bajo la mesa de un rancho que no tiraran, que se entregaba, se convirtió entre los sobrevivientes de su generación en un particular tipo de santo: lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla. Entre los trece y los diecisiete años el Frente rodaba al tiempo que ganaba fama por su precocidad, por la generosidad con los botines conseguidos a punta de revólveres calibre 32, por preservar los viejos códigos de la delincuencia sepultados por la traición, y por ir siempre al frente.

• Sabina Sotello: madre de Víctor, guardia de seguridad en un supermercado. Nunca aceptó la delincuencia de “el frente”.
• Matilde: madre de Javier, Manuel y Simón Miranda. Y Daniel. Acostumbrada a andar tras los delitos de sus hijos. Matilde veía en la relación de sus hijos con otros chicos ladrones el origen de todos los males de sus juventudes descarriadas.
• Pato: hermano de “el frente”, supervisor de un supermercado.
• Simón: hijo de Matilde. Delincuente. Compinche de “El frente”.
• Chaías: delincuente. Dos hijos con María ex novia de “el frente”. Con ciertos códigos, flaco,pelos carpincho, con gomina, el mismo estilo del frente, ropa bien planchada, zapatillas de marca. Cadenas de oro, pulsera y reloj.
• Mauro: viejo ladrón que enseñó a “el frente” los códigos del choreo. Padece HIV. Se movía muy bien en el ámbito carcelario. Mujeriego.
• Laura: la mejor amiga del “frente”.
• Paola: ex novia de “el frente”. Detenida acusada de matar a su madre mientras dormía.

Causas del surgimiento del mito de El Frente.

Víctor Manuel “Frente” Vital, un ladrón de 17 años cayó fusilado por un policía, cuando estaba escondido y sin armas bajo una mesa en un rancho de la villa San Francisco, mientras gritaba “¡no disparen, nos entregamos!”.

Ya era famoso en la zona norte, una de las más violenta del Gran Buenos Aires: gozaba de la celebridad de un Robin Hood villero, capaz de regalar lo que llevaba puesto, de enviar “bagallos” para los compañeros presos, asistir a sus familias o “hacer” un camión de La Serenísima para repartir yogures y quesos en carritos tirados por caballos.

Después de tanto su popularidad persiste en los jóvenes ladrones: lo consideran milagroso. A él le atribuyen el éxito de curaciones de balazos fatales, fugas de institutos de menores, asaltos cuantiosos y sin heridos. Sus contemporáneos se encomiendan a él antes de salir “a un hecho”. Por eso cada visita a su tumba, los chicos rocían cerveza sobre las flores, y en la trompa de un elefante de porcelana colocan las últimas briznas de un porro, fumado en círculo, como una ofrenda al ángel caído que, según dicen, puede doblar el rumbo mortal de las balas bonaerenses.

La noticia de que Frente Vital había muerto se esparció como el viento. Ahí se pudrió todo con los vigilantes, empezaron los tiros y los piedrazos.” La noticia corrió como reguero de pólvora por el barrio y, en minutos la gente se alzó en contra de la Policía. Al velatorio concurrió una multitud. Y desde ese momento, pasó a la inmortalidad, nació la leyenda.

El nuevo periodismo lo describe como una especie de héroe en la villa. Un ídolo pagano. “Se convirtió entre los sobrevivientes de su generación en un particular tipo de santo: lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla”.

Dos episodios clave en su prematura vida de ladrón le dieron al Frente su “beatificación”. Un día repartió yogures y leche entre los chicos del barrio, mercancía que había obtenido tras robar un camión repartidor, al mejor estilo Robin Hood y con la intención de sacarle a los ricos para darle a los pobres.

Tiempo después de su muerte, dos de sus amigos, también pibes chorros, decidieron esconderse en el cementerio para escapar de una persecución policial. Ese día la policía no pudo encontrarlos y para su asombro, cuando ya no había vigilantes que puedan cazarlos, se dieron cuenta que habían estado refugiados a metros de la sepultura del Frente, su “mártir protector”.


Cambios observados en la vida, causas.
Su sepultura está ubicada prácticamente en el fondo. Ese lugar que sirvió de refugio para sus amigos cuando huían de la policía ahora está cubierto de flores artificiales, inmensas y de varios colores, de una gorrita azul colgando de una cruz de madera, de un rosario, de una lápida con su imagen, y de los sentimientos tallados en piedra que dejaron su hermano mayor, su madre, y algunos de sus amigos más íntimos.

Actualmente, en su San Francisco abunda el paco y la pasta base. “Está muy peligroso”. A partir de la muerte del Frente los “códigos” y la red de los pibes chorros se desmantela y la banda de los sapitos comienza a invadir la villa.

Con el pasar del tiempo formó la ONG "Organización por la Vida", actualmente tiene un merendero en su propio hogar al que asisten cerca de 170 chicos cada tarde y creó la escuela para adultos nº 704, que lleva el nombre de “Víctor Manuel Vital”. Asimismo, desde 2004 forma parte del Consejo Consultivo de la Provincia de Buenos Aires.

El 29 de julio, día del cumpleaños del Frente, la familia y los amigos organizan una enorme chocolateada para los pibes de la zona, acompañado de juegos variados.

Describa líderes y barras enfrentadas en la villa

Aunque existían otros tipos de pibes en la zona cuando todavía estaba vivo el Frente, la tasa incrementó considerablemente después del fallecimiento. En realidad podemos dividir los pibes chorros en varios subgrupos.

En primer lugar, están las ratas o rastreros, “pibes que sacados por las pastillas roban en el mismo lugar en el que viven” . No tienen sentido moral, como es el caso con los Sapitos, una banda de ratas en la villa. Esta banda inspira miedo a los habitantes por ser despiadada, sino también porque venden mucha droga, son transas y entre los chorros y los transas está todo mal.

“Vos tenés que meter caño para darle de comer a ellos. O sea: si querés tomar merca, ¿a quién le das la plata? A ellos” Chaías.

Entonces, nos señala otros dos grupos que viven en pie de guerra: los chorros (a que pertenecía el Frente) y los transas o los dealers de la zona. Los chorros adictos no tienen otra opción que comprar droga con estos.

Los transas son personas que disfrutan de un estado doble, por un lado son criminales pero por otro lado ayudan a la policía visto que “los transas son odiados no sólo porque son para los chorros la trampa a la que están condenados por la adicción, sino porque la inmensa mayoría cuenta con protección policial para funcionar en su negocio.

Los Líderes eran PBES CHORROS Frente Vital (Apodo de Víctor) y TRANSAS Tripa (Hermano del padrastro de María, vendedor de droga). Durante su vida, el Tripa constituía la perfecta antítesis del Frente.

Mencionar rol de la policía, justicia y Estado
En el relato la fuerza policial va a pasar a jugar un rol constante y fundamental, antagónico podría decirse. Luego de que el autor haya investigado la existencia de un ‘’escuadrón de la muerte de policías’’ (que contaba con una empresa de seguridad privada que intentaba demostrar su eficiencia mediante la eliminación sistemática de jóvenes del conurbano bonaerense), se mete de lleno en la historia del joven Victor Manuel ‘’Frente‘’ Vital, asesinado por la policía. En esta realidad que el libro encara de una manera cruda, los policías matan salvajemente a los chicos para luego informar sobre su muerte en ‘’enfrentamientos’’. Se trata de la historia del Frente Vital, el pibe que robaba comida y la repartía entre los chiquitos más pobres y que se consolidó como el santo de los pibes chorros en la zona Norte después de que una bala policial lo callara para siempre. ‘’El odio a la policía es quizás el más fuerte lazo de identidad entre los chicos dedicados al robo. No hay pibe chorro que no tenga un caído bajo la metralla policial en su historia de pérdidas y humillaciones’’. 

En este libro la policía comprenderá una fuerza abrumadora y corrupta.
Redactar tres preguntas para nota con amigos de El Frente
¿Que opinan sobre las cosas que hacia el frente?
¿Por que lo consideran un referente?
¿por que creen que termino como termino

Características de la convivencia y la inseguridad en el barrio
En el bario se cruza la violencia del aparato policial, la relación entre transas y ladrones, la traición, desamparo y también la solidaridad en un territorio devastado.

Los estragos económicos del neoliberalismo han forjado sociedades de exclusión, acentuando barreras entre espacios y construyendo ciudades caóticas y diferenciadas jerárquicamente.

En este ambiente resalta la figura del jefe de los “pibes chorros”, este, se caracteriza por un movimiento incansable, casi sin sentido, con el desenfreno propio de un estado febril de consumo y derroche. Vital está obsesionado por su imagen y sus acciones contribuyen a dibujar su propia fábula. Cultiva los códigos de honor de los viejos ladrones, mantiene el delito fuera de su territorio. Aunque tiene contactos con figuras de la época menemista como el Gordo Valor o a los Bananitas. Su existencia, como la de sus seguidores, se desmorona entre cumbia villera y “jarra loca” (trago que mezcla alcohol y drogas), entrando y saliendo de institutos y cárceles. El delito es una elección ante un mundo que lo empujó a la miseria y la orfandad. Los jóvenes ladrones eligen apropiarse de lo ajeno en vez de mendigarlo. Sus gestos populistas lo llevan a distribuir el botín para que a la villa llegara “la fiesta que los sectores más acomodados vivían a pleno, con el gobierno de la corrupción, el tráfico y el robo a gran escala”. Esa fiesta (la que celebran las cumbias que dicen “Llegamos los pibes chorros/ queremos las manos de todos arriba”, o “Me tomo unos minutos/ me tomo un tetra”), que es un pálido reflejo de las fiestas de los poderosos en los vastos salones de Tropitango o Metrópolis.

La historia intenta marcar un antes y después de la muerte del Frente, el cambio de valores y códigos entre los “pibes chorros”, el comienzo de una nueva era en la que a no habrá un pibe chorro al que poder acudir cuando se busca protección ante el escarmiento del aparato policial, o de los traidores que asolan como el hambre la vida cotidiana de la villa.

El centro de esta novela crónica es el Frente, cuyo culto remite a una época idealizada, donde la comunidad poseía un cierto orden. En contraste con los tiempos posteriores en los que los cartoneros pierden la vida en el tren blanco o los ratas, olvidados de todos los códigos, están entregados al mundo del paco.

Comentario de cada miembro del grupo sobre el texto

Teo: Pienso que el relato es un fiel reflejo de la marginalidad que se vivía durante el neoliberalismo, donde la desigualdad social en sectores como San Fernando era extrema y evidente, donde la droga y la falta de códigos entre las bandas delictivas están presentes constantemente. La narración del libro en primera persona y su comprometida investigación puede ser comparada con la de Rodolfo Walsh. la investigación de Alarcón es tan profundidad y detalle, como lo expresa en sus propias palabras: "Me sumergí en otro tipo de lenguaje y de tiempo, en otra manera de sobrevivir y de vivir hasta la propia muerte. Conocí la villa hasta sufrirla".

Rosario: La historia refleja muchas cosas que la realidad intenta ocultar, es un trabajo de investigación admirable, y una historia que no conocía. Me gustó, fue fluido y fácil de leer.

Giuliano: Un libro que encara una realidad cruda, donde la policía juega el papel de fuerza corrupta y la villa se convierte en un campo de batalla entre bandas.  Cristian Alarcón a logrado construir una investigación periodística clásica, pero en el marco de lo literario y es en este punto donde recuerda a la genial ''Operación Masacre" de Walsh. Distinta epoca, distinto contexto, pero la realidad ahi esta, llace latente: un periodista que se juega entero con tal de quitar el telon a un hecho que permanecia oculto, al que la mayoria hace caso omiso, y que si no fuera por personajes como Alarcón alli se hubiesen quedado.


Julieta: Sabemos que el neoliberalismo en nuestro país arrojó a millones de argentinos debajo de la línea de pobreza en la década de los noventa. Una generación entera de pibes que hoy tienen 15 o 20 años no saben, por ejemplo, lo que es tener un padre con laburo. Víctor Manuel “El Frente” Vital era uno de esos pibes. Fallece a los 17 años vía lo que conocemos como “gatillo fácil”. “Cuando me muera…” es una radiografía de los cambios sociales que experimentó nuestro país, visualizados a través de los “pibes chorros”, esa denominación despectiva que utiliza una mayoría social y que Alarcón resignifica presentando el contexto de su accionar y las variaciones en sus metodologías.












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